Desde 1987, he tenido la suerte de profundizar en la vida de Nuestro Fundador, Francisco Javier Butinyà. He podido acercarme a sus lugares más familiares, su pueblo Banyoles, su casa, el lago, Gerona, el Seminario, dónde estudió.
Ingresa en la Compañía de Jesús en Loyola el 24 de octubre de 1854. Unido a sus compañeros, padeció expulsiones y se vio sometido a destierros en Loyola, en León y en Salamanca.
Para nuestra fundadora, la M. Bonifacia, Butiñá fue su Padre espiritual, el que orientó y acompañó los primeros momentos de la congregación.
Escribió las primeras Constituciones y el Primer Reglamento del año 1874 y las constituciones de 1881. Al escribir las primeras constituciones de las Siervas de San José, sigue el pensamiento de Ignacio de Loyola:
- fundamentándolas en la única regla de la caridad, la interna del corazón que el Espíritu inspira.
- sin imponer clausura, la convivencia con las acogidas laicas era total.
- Sin exigir hábito sino el traje normal de la mujer artesana.
- Orientando el Primer Reglamento al compartir vida, trabajo y bienes con la mujer pobre carente de trabajo.
- Sin exigir dote para que pueda seguir la vida religiosa la joven pobre que sienta esta inquietud.
Tuvo que salir de España, al ser expulsada la Compañía, unos meses después de fundada la Congregación en Salamanca, en 1874. Al volver, fue destinado a Cataluña e hizo todo lo que pudo porque la Congregación siguiera adelante, formando nuevos grupos en Gerona y Manresa, y tratando de conseguir la unión.
Ya en Tarragona, distanciado de la fundación realizada, acata la voluntad de Dios y orienta su actividad apostólica según le indican los superiores en la Compañía.
Lo considero un santazo porque, como buen jesuita, empeña su vida por la causa del Reino. Para todas, Siervas de San José e Hijas de San José, es ejemplo de fervor y entrega apostólica.

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