Hay muchos aspectos en la vida de Francisco Butiñá que me han interpelado, llegan hondo a mi corazón y dan respuesta a mi valoración y cariño hacia él. Destaco tres:
Veo en él una gran centralidad en Cristo como motor de su vida: “No perdió ninguna ocasión para extender la gloria de Dios y para ganar almas para Cristo” (Cartas Anuas de Salamanca, 1873-1874)
Un fundador carismático que supo dar vida al carisma, con una actualidad y una proyección que hoy sigue extendiéndose y creciendo en todos los países en donde estamos las Siervas de san José e Hijas de san José.
Nazaret como enfoque de vida cotidiana y relación tiene para mí un alcance que se proyecta y configura la vida de familia y la relación social. Es asombroso cómo los denominados Talleres de Nazaret han configurado y siguen configurando a las personas en su ser y en su hacer.
Gracias, P. Butiñá, por tu vida, por tu obra por el legado carismático, que en el hoy de la historia se sigue haciendo realidad.

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