Vemos a Butiñá, como un hombre de profundas raíces cristianas, fiel a Dios y a su conciencia. Sensible a las necesidades de su tiempo con las que se compromete y se arriesga a abrir caminos nuevos con audacia y confianza en Dios.
La contemplación de Cristo-Jesús artesano en Nazaret le impulsa vitalmente a cristianizar el mundo del trabajo, al que dedica su vida de entrega apostólica infatigable.
“Y, como no le cabe dentro cuando encuentra en Salamanca, una cordonera (Bonifacia) y un grupo de obreras cristianas, proyecta con ella una forma de Vida Religiosa sin precedentes. ”Vamos a fundar una Congregación”… Nacían las Siervas de San José. Era una Congregación de Religiosas obreras. …”con el fin de promover su propia santificación por medio de la oración y el trabajo y preservar del peligro de perderse a las pobres que carecen de él, fomentando al mismo tiempo la industria cristiana”

Comentarios
Publicar un comentario