Nuestro Carisma nos invita a vivir el trabajo como lugar especial de la presencia de Dios, haciendo este mundo más habitable y fraterno, al lado de otras personas trabajadoras.
Así descubrí a Butiñá desde que lo conocí, así aprendo continuamente de él.
De tantos y tantos lugares que él recorrió, quiero hacer mención del Convento de Belén en la Habana (Cuba), donde trabajó en múltiples actividades, como a él le gustaba, sin apenas descaso: clases, pastoral, investigación,...entregándose enteramente, capacitándose a conciencia, metiéndose en lo profundo de aquella realidad de diferencias sociales que dejaba a los pobres más pobres, como ocurre hoy ... Su mirada contemplativa sobre lo que encontraba, su cercanía a lo más vulnerable, y su tesón al trabajar, hicieron de su vida allí, y en todos los lugares donde vivió, un verdadero ofrecimiento a Dios y a la historia.
Butiñá, ayúdanos a seguir siendo hoy, junto a trabajadoras y trabajadores
UNA LUZ PARA EL MUNDO DEL TRABAJO

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